La varita mágica, de la que el PP alardeaba cuando ganó las elecciones
generales de 2011, se ha esfumado de un plumazo. No valen más excusas; ya no
vale hablar de herencias recibidas, tampoco de Alemania.
Esta semana hemos recibido el estremecedor dato del paro: más de 6 millones
de españoles en la calle. Y sin vistas de mejora alguna. También esta semana
las previsiones económicas sobre nuestro país, que han realizado organismos
internacionales como el FMI, muestran un futuro nada alentador, desmontando así
el discurso optimista del gobierno. Y ya que hablamos del gobierno, ¿qué medidas
ha adoptado ante estos datos? La respuesta es clara: NINGUNA. LA DECISIÓN DEL EJECUTIVO DE RAJOY
HA SIDO LA DE BAJAR
LOS BRAZOS; “que sea lo que Dios quiera.”
No hay más ciego que el que no quiere ver, y Rajoy debe estarlo mucho
porque por más que sus recortes no surten efecto, si no todo lo contrario, el
presidente se muestra firme diciendo que las política del PP seguirá siendo la
misma y no se prevé cambio alguno. Para muestra un botón: la reforma laboral
sigue destruyendo empleo pero..., según Rajoy, ahí seguirá.
La legislatura acaba en 2015, y el discurso
del PP es “que todo está muy mal y nada va a mejorar, en todo caso empeorar”. Ahora
me acuerdo yo de ese programa electoral que nos iba a salvar de la crisis. MENTIRA.

